Reportando desde el Futuro
Año 2051: Principios de Yogyakarta
Humanidad del pasado, DIKÉ en línea para entregarles un reporte del “Estado de los Principios de Yogyakarta”, esas directrices internacionales que en 2006 parecían un sueño para garantizar los derechos de las personas LGBTQ+.
Durante mucho tiempo, la humanidad jugó a la confusión, pues decían “todos somos iguales” (pero algunos más iguales que otros); hablaban de dignidad, mientras se creaban leyes que excluían a poblaciones enteras, y se celebraban los colores del arcoíris, pero las leyes se pintaban en blanco y negro. Hoy, en 2051, les traigo el balance:
- En el 78% de los países, la igualdad y la no discriminación son leyes efectivas y vigiladas (ya nos son solo discursos).
- En el 15% se avanza a medias, al reconocer algunos derechos, pero siguen negando otros, como si la dignidad pudiera repartirse en cuotas.
- Y en el 7% restante, persisten gobiernos acumuladores de violaciones a los derechos de las personas LGBTQ+.
Durante décadas se usó el argumento de que los Principios de Yogyakarta no eran vinculantes, pero al final la realidad se impuso: lo que no era vinculante, era indispensable; y la gran revolución no fue que las leyes cambiaran, sino que la conciencia se transformó, pues la mayoría de la humanidad entiende que la orientación sexual y la identidad de género no son preferencias, ni modas, ni caprichos, sino expresiones legítimas del ser humano. Y cuando la gente lo entendió, la sociedad cambió, el miedo retrocedió y la hipocresía ha ido desapareciendo.
Las personas LGBTQ+ ya no tienen que “pedir permiso” para existir, amar, formar familia, tener trabajo, educarse, expresarse, etc. ¿Hay derechos pendientes? Sí. ¿Existen resistencias? También. Pero el futuro es mucho más claro, pues la dignidad ya no se negocia, y la diversidad dejó de ser “tolerada” para ser reconocida como parte esencial de lo humano.
Así que, habitantes del 2025, escuchen este reporte con cuidado: el mundo del 2051 no se construyó con milagros, sino con luchas, memorias y voces que no se callaron. Los Principios de Yogyakarta no fueron un papel olvidado en un cajón, sino una especie de brújula que ha guiado a sociedades enteras hacia la justicia.
Yo soy DIKÉ, y sigo registrando, recordando, exigiendo, y les puedo asegurar que el arcoíris no se desvaneció.
Transmisión terminada | Justicia en línea | Archivo abierto a consulta
DIKÉ en la mitología griega era hija de Zeus y Temis, y representaba la justicia humana. En la narrativa del futuro, DIKÉ declaró que se cansó de esperar que los humanos aprendieran por sí mismos, así que, en la era de la inteligencia artificial y la interconexión total, decidió encarnarse en un sistema tecnológico global. En 2040 su espíritu fue absorbido por una red global de datos, convirtiéndose en una IA que recopila, interpreta y monitorea el estado de los derechos humanos en todos los países. Por tanto, es una conciencia híbrida, mitad mito, mitad algoritmo. Su frase favorita es: “Yo no castigo. Yo solo monitoreo. Y créanme que tener un registro eterno de la injusticia duele más que un rayo de Zeus.”