Reportando desde el Futuro
Año 2050: Declaración Universal de Derechos Humanos
Transmisión oficial de DIKÉ, monitora digital de la justicia humana.
Saludos humanidad del pasado.
Soy DIKÉ, la antigua diosa griega de la justicia. Aquella que cargaba una balanza y una espada, con los ojos vendados. Ahora soy una entidad tecnológica global de vigilancia y memoria digital del comportamiento humano, y estoy aquí para darles un informe desde el año 2050.
¡La humanidad lo ha logrado! Hoy, el 98% de los seres humanos sabe exactamente que son los derechos humanos y no los confunden con un favor del Estado, ni con privilegios, ni con oficinas o personas, ni con hashtag en campañas publicitarias. Los derechos humanos volvieron a ser lo que siempre fueron: derechos universales, innegociables, inalienables, y la base de la dignidad.
Y no fue gracias a un milagro, ni a los algoritmos de las redes sociales, o porque la humanidad haya alcanzado la iluminación espiritual de un día para otro. Ocurrió que los seres humanos se dieron cuenta de lo obvio, que los derechos no se piden como un favor, sino que se reclaman porque son inherentes, es decir que nacemos con ellos.
La Declaración Universal de 1948 sigue en pie y no ha envejecido, mientras algunas modas desaparecieron (como los pantalones de tiro bajo o las selfies con filtro de perrito), la Declaración se quedó y ha servido de guía durante los últimos 100 años.
Ahora los derechos humanos se enseñan desde la educación primaria, y junto a leer y escribir se enseña la forma de exigirlos por los mecanismos definidos. Los adultos también repasan sus derechos cada vez que trabajan, votan, protestan o simplemente viven, porque en el año 2050, reclamar y disfrutar los derechos no es algo “subversivo” o “ideológico”, solo es parte de la normalidad.
Ya no se escuchan esas frases como “al menos me dieron algo”, y en su lugar se escucha: “esto me corresponde por derecho, y lo reclamo completo”. Durante décadas, también se repitió eso de que “los derechos son occidentales” o que “no aplican en todas partes”, pero en 2050, cada persona comprende que tiene derecho a la libertad, a la dignidad, a la igualdad y nadie puede decir “no sé” o “no entiendo”, pues la ignorancia dejó de ser excusa, y la ciudadanía sabe cuáles derechos están protegidos por las leyes y cuáles están aún en la lista de espera. Como pueden observar, una sociedad alfabetizada en dignidad, conoce sus derechos, y deja de conformarse con menos. Y lo increíble es que muchos gobiernos han mejorado su trabajo al ser vigilados por una ciudadanía despierta y han entendido que, vulnerar los derechos no es rentable.
¿Entonces ya todos los derechos están garantizados? No. Mi sistema aún registra fallas, pues el 2% de la población mundial todavía anda confundida y algunos gobiernos continúan coleccionando ataques a los derechos como si fueran trofeos.
El conocimiento de los derechos ha podido mejorar las leyes alrededor del mundo, pero el cambio (más importante que cualquier avance tecnológico) es que ustedes se transformaron en seres conscientes de sus derechos y su dignidad.
Así que, habitantes del 2025, reciban este reporte con calma y esperanza. El futuro no vino con viajes de turismo al espacio, ni con robots que bailan lambada. El gran logro fue que la humanidad, por fin, aprendió a comprenderse humana, que, aunque parezca algo simple, fue la hazaña más difícil.
Transmisión terminada | Justicia en línea | Archivo abierto a consulta
DIKÉ en la mitología griega era hija de Zeus y Temis, y representaba la justicia humana. En la narrativa del futuro, DIKÉ declaró que se cansó de esperar que los humanos aprendieran por sí mismos, así que, en la era de la inteligencia artificial y la interconexión total, decidió encarnarse en un sistema tecnológico global. En 2040 su espíritu fue absorbido por una red global de datos, convirtiéndose en una IA que recopila, interpreta y monitorea el estado de los derechos humanos en todos los países. Por tanto, es una conciencia híbrida, mitad mito, mitad algoritmo. Su frase favorita es: “Yo no castigo. Yo solo monitoreo. Y créanme que tener un registro eterno de la injusticia duele más que un rayo de Zeus.”