Conversación olvidada, por Alicia Marroquín

Erase un espacio de luz y color, la briza fragante de alegría y emoción. Los seres que habitaban este lugar sereno se movían por doquier fluyendo, juntándose y separándose, mezclando sus colores o quietos flotando en meditación. Un ser, en particular, destacaba pues se abrazaba, encorvándose, reduciendo su tamaño; y, si hubiesen existido las esquinas o las paredes, seguro que estaría pegado a una de estas.

 ­           “¿Estas bien?”  Uno de los seres que flotaba por ahí le preguntó.

“Eh, sí, sí, estoy bien” replicó vacilante, recogiéndose los bordes que fluían queriendo alcanzar al alma que acababa de hablar. Se notaba que su interlocutora era un alma de experiencia, fluyendo con todo lo que había alrededor y aun así completa en sí misma.

“Ah! -dijo el alma acurrucándose al lado del alma nueva, esto era evidente con su forma prolija llena de colores intensos, como cielo, como sonrojo en ese momento- cuando fue mi turno de habitar un cuerpo por vez primera me moría de nervios!”

“Moría?” los colores del alma nueva cambiaron con confusión.

“Es una expresión humana” sonrió y todo el espacio parecía sonreír también.

“Humana? ¿Has sido humana?” el alma nueva se inclinó con interés olvidando recoger todos sus bordes dentro de sí.

“Humana, sí, y también he ocupado muchos cuerpos más. En mi primera vida, ya sabes, ese momento de ocupar una forma, un cuerpo -dijo esperando a que el alma nueva asintiera para continuar- bueno, en mi primera vida empecé en una tibia oscuridad, contenida en un pequeñito espacio que pronto se rompió…”

“Tu cuerpo se destruyó!” el alma nueva dijo con sobresalto, sus colores tornándose rápidamente azules y grises con tristeza.

“No, no, alma mía, simplemente crecí y crecí, formé tallo y hojas; y subía, subía buscando luz; y bajaba, me expandía sostenida en tierra buscando agua. Mis raíces conectaban con otras raíces, y mis ramas abrazaban las ramas de las plantas vecinas, era un árbol que se vestía de rosa cuando el sol tornaba los días calientes”

“Estuviste mucho tiempo en esa vida?” preguntó el alma nueva, sus bordes plegados y arrugados por el tiempo en que los mantuvo recogidos.

“Sí, por un tiempo hasta que mi cuerpo cayó para alimentar la tierra que me nutrió. La siguiente vez abrí los ojos a un mundo difuminado y frío en el que fluyes, casi como lo hacemos aquí, pero contenido en un cuerpo. Era un pez, un pez amarillo, un pez hembra como todas las de mi especie nacen. En esta vida, una tragedia sucedió, nuestro pez azul desapareció -agrandó los ojos para hacer énfasis a la desgracia, el alma nueva plegó sus bordes cerca de nuevo, el miedo la encogía- pasó mucho tiempo, en horario de pez -aclaró su compañera-, y no regresaba así que torné mi color de amarillo a azul, de a poco cambiando mi interior y de hembra a macho pasé. Así viví por el resto de mis días como pez”.

“¿Qué cuerpo ocupaste después?” el alma nueva preguntó pues ya se había dado cuenta que su compañera tenía muchas historias para contar.

“Bueno, después, enrolladita y calientita pasé por un tiempo en una esfera que luego debí romper”

“¿Fuiste semilla de nuevo?” preguntó el ama nueva extendiéndose y casi tocando los bordes de su compañera.

“Fui ave saliendo de un huevo. Un ave peculiar que no vuela como muchas de las otras lo hacen, pero es una excelente nadadora”

“¡Y ya tenías experiencia pues acababas de ser un pez!”

“Exacto!” el alma sonrió viendo como sus bordes se difuminaban con los del alma nueva.

“¿Qué fue lo mejor de ser un ave que no vuela?”

“Lo que más me gustó fue cuidar a un polluelo. Electra y yo no íbamos a tener crías pues éramos las dos hembras, pero cuando el frío y un percance dejaron sin familia a un polluelo, nuestros corazones no pudieron dejarle abandonado, así que le trajimos a nuestro nido, le mantuvimos calientito y alimentado; y con el tiempo le llevamos al agua. ¡Qué alegría era el nadar con nuestro polluelo como familia!” el alma exhaló un suspiro con satisfacción; y la creación sonrió.

“¡Y después ocupaste un cuerpo de humano!” el alma nueva adivinó, sus colores permeando el aire alrededor sin timidez.

“Casi, la proxima vez fui un bonobo. ¡Qué divertido fue estar en esa vida! Como bonobo pasaba los días en familia, rodeándome de amistades, bebes y parejas donde todos trabajábamos juntos para conseguir comida, para estar limpios y en el tiempo libre: juego y afecto. Nos juntábamos para tener crías, pero también por placer, por afecto, macho o hembra, no hay problema, libertad total”

“Me pregunto si seré un bonobo -dijo contemplativamente el alma nueva y, de pronto, juntó sus bordes cerquita y apretaditos, sus colores palideciendo- ¿y si me toca ser humano? he visto las almas que regresan, muchas vienen cansadas y rotas luego de ese ciclo”

“Humano, sí, es riesgoso ser humano. Cuando abrí mis ojos en un cuerpo humano era completamente vulnerable y debía confiar en otros para sobrevivir. Es curioso que, aunque no es un cuerpo pequeño como de una semilla o de un pez, existen unas cajitas invisibles en las que se meten incluso arrancándose pedazos de alma a veces. En mi cuerpo de humano, tan sensible a los colores, por lo que había entre mis piernas solamente me podían gustar y vestir de colores tristes y oscuros, nada brillante. Y mis ojos de humano listos para llorar cuando me movía el dolor o la ternura eran censurados cada vez que sentía porque la caja en la que me pusieron era de hombres y ellos deben guardar el dolor hasta explotar en violencia o hacer pedazos el espíritu. Los seres humanos son extraños. Como pez pude ir de hembra a macho y como pingüino cuidé a mi cría con otra hembra y como bonobo me abrazaba a veces con machos a veces con hembras, pero muchos humanos llaman perversión al amor cuando las almas habitan cuerpos iguales; y antinatural cuando las almas fluyen y transcienden las cajitas en las que clasifican a los cuerpos. Dicen que los planes de la fuente creadora eran hombre para mujer y mujer bajo hombre.”

“No! ¡Jamás ha dicho tal cosa! ¿De dónde sacan estas ideas tan absurdas?” exclamó el alma nueva sus bordes tornándose angulares y sus colores carmín con indignación.

“Sabes, se la pasan creando y descubriendo nuevas cosas a diario, pero le temen a lo desconocido y sobre todo, se temen a sí mismos por lo que se refugian en esas cajas y los limites que unos pocos han impuesto y le llaman ley o tradición, moral, religión o naturaleza, incluso el camino para volver aquí”

“¿Cómo es que no ven que son limites inventados? ¿Quiénes son estos que encajonan almas sin sentido?” preguntó el alma nueva hinchándose con enojo. Su compañera se encogió de hombros.

“Hay seres humanos con mucho miedo, otros que, como ovejas en un prado, prefieren solo seguir lo que les han dicho siempre y otros que deciden controlar, destruir y oprimir”

“Esos han de tener los remanentes de su alma de escorpión!” resopló el alma nueva haciendo reír a su compañera quien ofreció “¡o de serpiente!” y ambas se echaron a reír.

“Te he querido consolar, pero creo que te he asustado más con la posibilidad de que nazcas en un cuerpo humano. Debí contarte lo hermoso que puede ser la existencia humana y de como puede estar llena de amor y compasión y hay tanto que ver, hacer y crear…” el alma se apresuró a decir pues ya llamaban al alma nueva, era su turno para vivir.

“Si nazco en un cuerpo humano, recordaré a los peces, los pingüinos y los bonobos. Ya no recogeré mis bordes con temor, tocaré las almas que me quieran a su lado, mostraré mis colores, cambiaré las leyes, romperé las cajas y traspasaré los límites invisibles sin sentido, les cambiare el mundo” dijo el alma nueva con determinación y más brillante que nunca.

¿Son invisibles, pero qué duras de romper son esas cajas en las que te han metido, no? Y cuántas veces tus ojos han amanecido rojos y cansados de llanto luego de mil veces que te dijeron tu corazón está equivocado. Alma mía, recuerda la naturalidad de los peces, el amor de los pingüinos, la fluidez de los bonobos. Olvidaste nuestra conversación y tus colores se han cansado, pero te estoy echando porras, alma mía, ¡qué orgullo el verte fuerte, resiliente, tan valiente! Sigue transgrediendo límites con solo ser genuinamente, plenamente tú. ¡Qué historias vas a tener para contar cuando nos volvamos a encontrar aquí!